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Matemáticas divertidas

Bonn. Una de las herramientas más antiguas para realizar cuentas es el ábaco. Está formado por varias varillas paralelas, cada una con una serie de pequeñas bolitas que se pueden deslizar de un lado al otro.

Esos desplazamientos permiten representar los cálculos a realizar y visualizar el resultado, así como aparece en el gráfico.
Quienes saben manejar el ábaco pueden incluso hacer cálculos complicados en unos segundos.

“En Japón se utiliza todavía para enseñar matemática en las escuelas”, dice Ina Prinz, la directora del Museo de Aritmética de la ciudad alemana.

Pero la primera verdadera máquina calculadora fue desarrollada por el matemático alemán Wilhelm Schickard hace unos 400 años.

Parecía un pequeño armario de madera con cajoncitos y gran cantidad de rueditas y agujas indicadoras. Funcionaba sin electricidad.

Para hacer los cálculos había que girar muchas de las rueditas y mover unas palancas corredizas de madera. Era un procedimiento bastante complicado. A medida que pasaba el tiempo se desarrollaron calculadoras de otros materiales y de formas más prácticas.

Cuentas con sogas y piedras
Los seres humanos tenían necesidad de hacer cuentas matemáticas mucho antes de que se inventaran las máquinas calculadoras. Se ayudaban entonces con diversos elementos, cuando había que tratar con cantidades mayores que los diez dedos de las manos.

Los asirios, por ejemplo, utilizaban pequeñas piedras con inscripciones que las identificaban. Los comerciantes de este pueblo que vivía hace miles de años en donde hoy se encuentran Irak y Siria podían así tener una impresión precisa de cuanta mercadería tenían guardada en sus depósitos o embarcada en sus naves.

Otra técnica para representar números era la de las sogas con nudo. La utilizaron mucho los incas. A este método le llamaban quipus, les servía para llevar un registro de las riquezas que administraban en su gran imperio en América del Sur. dpa

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